Dietilestilbestrol

En alguna época, los médicos dudaban de si un estrógeno sintético (artificial) llamado dietilestilbestrol, conocido por la sigla en inglés DES, les serviría a las embarazadas que habían tenido abortos espontáneos y mortinatos (partos de bebés muertos). Algunos médicos lo prescribían y otros no.

El DES se popularizó a principios de los años cincuenta, y se creyó que podía corregir un trastorno de la placenta al que se atribuían estos problemas. Los médicos que lo prescribían se sintieron alentados por los informes anecdóticos de mujeres que, tras haber sufrido abortos espontáneos y mortinatos, habían logrado bebés vivos después de recibir el tratamiento con DES.

Por ejemplo, un obstetra británico, a quien consultó una mujer que había tenido dos mortinatos, prescribió el medicamento desde los inicios del tercer embarazo. Este culminó con el nacimiento de un bebé vivo. Suponiendo que la capacidad «natural» de la paciente para procrear con éxito podría haber mejorado durante ese lapso, el obstetra no le indicó DES durante el cuarto embarazo; el bebé murió en el útero, debido a «insuficiencia placentaria».

Así pues, durante el quinto y el sexto embarazo, ni el médico ni la paciente abrigaron duda alguna de que debía administrarse DES nuevamente, y ambos embarazos tuvieron como resultado el nacimiento de bebés vivos. Tanto el obstetra como la mujer llegaron a la conclusión de que el DES era un medicamento útil.

Lamentablemente, en las pruebas imparciales, nunca se demostró que esta conclusión basada en una anécdota haya sido correcta. Durante el mismo período en el que se trató a la mujer, de hecho se realizaron y publicaron estudios imparciales, que no encontraron indicios de que el DES fuera beneficioso.[5]

Aunque no se obtuvo evidencia científica a partir de pruebas imparciales de que el DES fuera útil en la prevención de la mortinatalidad, la historia del DES no terminó allí. Veinte años más tarde, comenzó a surgir evidencia científica sobre los efectos colaterales nocivos cuando la madre de una mujer joven con un cáncer de vagina poco común hizo una observación muy importante. La madre había recibido DES durante el embarazo y sugirió que el cáncer de su hija podría haber sido causado por el medicamento.[6] Esta vez la observación fue correcta, y lo que es más importante, se demostró que lo era.

Desde entonces, numerosos estudios han revelado una multitud de efectos colaterales graves del DES, tanto en hombres como en mujeres que estuvieron expuestos a este medicamento antes de nacer. Estos efectos colaterales incluyeron no solo una mayor frecuencia de cánceres raros, sino también otras anomalías del aparato reproductor. Para cuando se declaró oficialmente que el DES no debía usarse en el embarazo, millones de personas habían estado expuestas a este medicamento.

Dado lo que sabemos ahora, si los médicos hubieran utilizado las investigaciones más fiables sobre el DES existentes en los años cincuenta, muchos menos médicos lo habrían prescrito, porque en realidad nunca se probó que el DES fuera eficaz para el trastorno para el cual se había prescrito en primer lugar. Lamentablemente, una gran cantidad de médicos pasaron por alto esta falta de fundamentos científicos acerca de su utilidad. [7]