Uso de la cafeína para problemas respiratorios en bebés prematuros

Las grandes variaciones entre los tratamientos empleados para una afección en particular ponen de manifiesto la incertidumbre de los profesionales respecto a los beneficios de los distintos tratamientos. Y las prácticas arraigadas pueden retrasar el momento en que se aborden tales incertidumbres mediante pruebas imparciales.

Un ejemplo contundente es el uso de la cafeína en los bebés prematuros. A menudo, esto bebés presentan dificultad para respirar bien y, en ocasiones, dejan de respirar durante un tiempo muy breve; este problema se conoce como apnea del prematuro y afecta a la mayoría de los bebés que nacen con menos de 34 semanas de gestación. A finales de los años setenta, se demostró que el tratamiento con cafeína reducía estos episodios y posteriormente algunos pediatras comenzaron a emplearlo.

No obstante, los efectos de la cafeína seguían siendo objeto de polémica. Aunque las pruebas imparciales habían mostrado que la cafeína reducía los episodios de apnea, muchos pediatras no creían que estos tuvieran la suficiente gravedad como para justificar el uso del fármaco y a algunos les preocupaba que el fármaco no fuese seguro para estos bebés tan pequeños. Esto trajo como consecuencia que algunos bebés recibieran el tratamiento y otros no.

Cuando finalmente se abordaron estas incertidumbres generalizadas mediante un estudio internacional a gran escala, más de 30 años después de la introducción del tratamiento, resultó que este sencillo tratamiento no sólo reduce las dificultades respiratorias sino que también, y lo que es más importante, aumenta significativamente las probabilidades de supervivencia a largo plazo sin parálisis cerebral y retraso en el desarrollo del lactante. Si estas incertidumbres se hubiesen abordado cuando el tratamiento se introdujo, menos bebés hubiesen desarrollado discapacidades.[15], [16]

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